Alfred Hitchcock

septiembre 28, 2010 § Deja un comentario

Lo saben los maestros del suspense. Vas caminando por el campo. Oyes el crujir de las ramas, la oscilación de las hojas por el viento, el canto de los pájaros, tus pisadas. De pronto dejas de oirlo. Nace tu expectación. Algo ocurrirá, sin duda. Cuando las cosas callan —cuando de repente se hace el gran silencio— te encuentras sitiado por la pura realidad, un desnudo y simple hay, la exterioridad absoluta, al fin y al cabo, el más allá. Algo debe tener lugar, aun cuando sea que nada tiene lugar. Sea lo que sea, por defecto, será algo extraordinario, indigerible, excesivo… aun cuando se trate del crecimiento de la hierba. Y es que lo que se da en verdad siempre acontece como el por-venir del silencio —estrictamente hablando, de un silencio de muerte—.

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