heraclitós (3)
octubre 3, 2010 § Deja un comentario
La oscuridad es el destino de la luz, pues la luz es luz solo porque devora el madero que la hace posible. Sin embargo, igualmente podemos decir que la luz es el destino de la oscuridad, pues no habría propiamente oscuridad, si ésta no exigiera la luz que la niega. Por eso donde la luz triunfa deja de haber luz. Lo mismo cabe decir de la oscuridad.
(En este sentido, no debería extrañarnos que quienes poseen un agudo oído para las cosas últimas acaben admitiendo que Dios y fin del mundo van de la mano. Y es que, salvo para aquellos que ingénuamente han hecho del Reino un objetivo del mundo, la irrupción de Dios solo puede coincidir con los días apocalípticos.)