all you need is love (primera parte)
octubre 7, 2010 § Deja un comentario
¿Hay amor antes de que se declare el amor? ¿Podemos decir que hay amor mientras el poeta no encuentra sus metáforas? Inicialmente, podríamos entender que el amor no es más que un cóctel hormonal, una inclinación, especialmente acentuada, por un determinado cuerpo. En este sentido, el amor sería tan solo un hecho, un hecho interior, el hecho de encontrarse sometido a una determinada pasión. La palabra amor, como tantas otras, funcionaría como un nombre. Primero, la cosa o el hecho. Luego, el nombre. Así, cuando declarásemos nuestro amor por alguien no haríamos otra cosa que constatar aquello que nos pasa por dentro. Ahora bien, si la palabra ‘amor’ fuese tan solo el nombre de un hecho, entonces podríamos sustituir la declaración de amor por la descripcición definida de ese hecho. En vez de decir te amo, podríamos perfectamente decir: siento un chute hormonal cada vez que te veo. O siendo más típicos: me gustas mucho… (y si esto no bastara siempre podemos añadir unos pocos mucho de más). Sin embargo, nadie estará dispuesto a declararse recurriendo a un manual de fisiología. Es posible que esa declaración funcionase, pero solo porque quien la acepta da por hecho que no se trata solo de una cuestión de chute hormonal. Mejor dicho: quizá quienes se declaran su amor de este modo ‘tan simple’ creen que el amor no es más una fuerte inclinación, una intensa preferencia, una pasión… pero, al mismo tiempo, suponen, ingénuamente, que se trata de una inclinación para siempre. Ahora bien, si solo se tratara de una inclinación, por muy fuerte que fuera, no parece que pudiéramos esperar sensatamente que fuese para siempre. El típico me gustas mucho, dicho así, a secas, podría traducirse como sigue: estaré contigo, mientras me gustes… Sin embargo, nadie estará dispuesto a admitir esta declaración como una declaración de amor. Aquí en principio permanecemos dentro de los límites del (con)trato. No decimos que, de hecho, podamos ir más allá de lo contractual. Decimos que cuando declaramos nuestro amor por alguien nos resistimos a admitir que nuestra relación sea simplemente contractual. Una relación que se acoja por entero a la lógica del do ut des es una relación interesada, al fin y al cabo, un negocio. Y nadie que crea amar puede dar por bueno que el amor tenga, de entrada, fecha de caducidad. O el amor es para siempre o no parece que pueda hablarse de amor. Así, desde esta óptica, quienes declaran su pasión por otro cuerpo declaran estrictamente dos cosas: a) me gustas mucho; b) creo que es para siempre. Ahora bien, ¿cómo pueden llegar a creer tal cosa? ¿Deberíamos reconocer que quienes se aman, en este sentido, se hallan bajo el hechizo de una ilusión?
(continuará…)