incipit

octubre 30, 2010 § Deja un comentario

La cuestión acerca del propio origen es irresoluble —y, así, impertinente—, pues uno es para sí mismo solo en tanto que no puede reconocerse en su causa. Lo que hace viable que un cuerpo se vea a sí mismo como si fuera algo otro —lo que hace posible la conciencia de sí— permanece opaco a esa misma conciencia: no puede ser de otro modo, si tiene que haber conciencia. Así, no es que la conciencia de sí carezca de causas naturales, sino que esa conciencia de sí, en cuanto tal, no puede reconocerlas como su propio origen. En este sentido, la causa de sí es, por defecto, algo traumático. O lo que viene a ser lo mismo: nadie puede reconocerse en lo abyecto que le sostiene… pues, en tanto que cuerpos conscientes de sí mismos, somos, precisamente, esa imposibilidad.

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