etsi immortalitas non daretur

noviembre 9, 2010 § Deja un comentario

Es difícil que sigamos existiendo más allá de la muerte, pues en el fondo somos esa distancia con respecto a nuestro cuerpo, ése no poder reconocerse por entero en el aspecto que nos entrega el espejo, en nuestro concreto modo de ser. Y quizá por eso mismo la muerte, su posibilidad, es lo que confiere seriedad a nuestra existencia. Uno sospecha —y quizá no se trate solo de una sospecha— que hay que tener marcada en la frente la fecha de caducidad para alcanzar un presente. Sin muerte, el valor de nuestra vida o bien ya fue o bien se decidirá en un porvenir incierto. Sea como sea, sin muerte no hay presente que valga. Así, quien cree que la muerte es un simple paso al frente hacia otro modo de existencia —quien en un momento u otro no encara su final— termina por vivir una perra vida —una vida de perro—, con sus satisfacciones y sus tristezas, por supuesto, pero sin ningun vértigo o gravedad. Ahora bien, de esto se desprende que aun cuando creamos que la muerte es simplemente un trámite —aun cuando demos por hecho que con la muerte tan solo nos desprendemos de un cuerpo—, lo mejor sería vivir como si la muerte fuera en verdad un final —como si la inmortalidad no existiera—, pues quien se sabe inmortal, difícilmente podrá evitar caer en la irrelevancia de una vida eterna.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo etsi immortalitas non daretur en la modificación.

Meta