Elem Klimov

noviembre 12, 2010 § Deja un comentario

La escena final de Masacre tiene su qué: cuando el hombre intenta erradicar el mal de raíz, tarde o temprano, acaba convirtiéndose en un asesino de niños. Por eso el mal no arraiga propiamente en las ciénagas de nuestra condición, sino en la voluntad de acabar de una vez por todas con el mal. De aquí se desprende que el hombre únicamente puede lograr la paz no donde pretenda extirpar el mal, sino donde lo mantiene a raya, como quien dice, en la periferia de la vida civilizada. La salud de las urbes no pasa por dejar de acumular basura, sino por depositarla en los vertederos de las afueras.

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