quijotadas

diciembre 24, 2010 § Deja un comentario

Un caballero medieval era aquel que iba en busca del acontecimiento extraordinario, sea el santo grial o un dragón. Como si la vida solo pudiera tener un sentido frente a lo que de algún modo la supera, dando igual si se trata de alcanzarlo o combatirlo. Un caballero medieval es, pues, un ser espiritual a la antigua usanza. Un caballero no pretende otra cosa que liberar al mundo de los poderes demoníacos. Esto cambia con la aparición del amor cortés. La Dama se convierte en lo único en verdad extraordinario. En tanto que inaccesible, la Dama solo podía ser objeto de adoración. El poeta ya no necesita combatir: le basta con el canto. La Dama, pues, como excusa. Beatriz —esa invención dantesca—, quizá porque se sitúa por encima de la lucha entre Dios y Satán, se convierte en el centro de la vida espiritual de aquellos que quisieron hacer la paces con un mundo que, tras la oscuridad medieval, volvía a convertirse en un posible hogar para los hombres. La Belleza se impuso, así, como aquella trascendencia que se sitúa más allá del Bien y del Mal. La Dama como encarnación de la Belleza podía, por tanto, colmar las exigencias del aquellos que siendo sensibles a las cosas últimas no estaban ya dispuestos a pagar los peajes de un combate a muerte. El poeta le ganaba la batalla al soldado. A partir de entonces es el poeta y no el soldado el que sitúa del lado del espiritu. No es causal que Cervantes la tomara con los caballeros medievales. En los albores de la Modernidad, una trascendencia que exigiera una lucha sin cuartel contra el demonio ya no podía ser otra cosa que una quimera.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo quijotadas en la modificación.

Meta