dilema
febrero 21, 2011 Comentarios desactivados en dilema
Caben dos posibilidades. O bien existe otra dimensión —oculta, sobrenatural— en donde no hay desgracia, o bien no hay más cera que la que arde y, por consiguiente, el mal no encuentra la horma de su zapato en ningún más allá. En el primer caso, ese otro mundo sería el mundo verdadero, mientras que el nuestro no sería más que una copia defectuosa. Las hombres buenos lo serían por imitación —por sintonía—, mientras que los malos lo serían por ignorancia o impericia. Y sin duda es una manera de verlo. De hecho, la más consoladora. Sin embargo, de ser cierta, lo divino —o, si se prefiere, Dios mismo— no dejaría de ser propiamente un hecho, un elemento que, aunque supremo, pertenecería, en definitiva a la totalidad. El único inconveniente de esta visión es que no deja lugar para la voluntad, pues solo un Dios que se sitúe fuera de la Creación —y, por tanto, inexistente—, solo un Dios que nos obligue a admitir que no hay más cera que la que arde, puede someter al hombre a esa demanda imposible que, con independencia de su modo de ser, le libere del poder de las circunstancias.