ladrón de bicicletas
febrero 25, 2011 Comentarios desactivados en ladrón de bicicletas
Ves a un hombre de mediana edad deambulando por la calle, sin trabajo y, probablemente, sin familia. ¿Qué imagen sostiene su esperanza? Pues, si continúa en pie —si logra soportarse— es porque tiene una ficción a la que agarrarse, una figura arquetípica con la que identificarse, una incomprensible elevada idea de sí mismo, un ídolo. O, en su defecto, porque posee una convicción básica del tipo mi dios no me abandonará. Sin embargo, da igual una cosa u otra. Se trate de un ídolo o de una creencia, lo cierto es que el juego se sigue jugando en el espacio de lo humano. Y, por consiguiente, nada definitivo se juega aquí. Muletas para disimular la cojera. Droga dura. No debería extrañarnos, así, que nada comience en verdad hasta que un hombre se queda sin imágenes —hasta que no soporta el peso de la altura de Dios—. Es posible que los grandes textos bíblicos no quieran decirnos otra cosa. Al fin y al cabo, un creyente de raza está más cerca del nihilismo que muchos de nuestros ateos de salón, algunos de los cuales han sustituido la increíble confianza en Dios por una ingénua confianza en las posibilidades del mundo.