de nada

marzo 10, 2011 Comentarios desactivados en de nada

Hay dos modos de concebir lo real: o bien como algo sobrenatural o bien como algo natural. En el primer caso, la realidad propiamente dicha se halla, en cierto sentido, por encima de las cosas de este mundo. En el segundo, no hay más que las cosas de este mundo. En el primer caso, la realidad, de la cual solo poseemos una idea, se revela como la medida arquetípica de las cosas del mundo. Así, por ejemplo, las cosas bellas son más o menos bellas en relación con una belleza real, esto es, imperecedera, divina. La realidad se encuentra, pues, más allá de lo tangible como aquello a lo que apuntan las cosas del mundo. Ahora bien, por eso mismo, las cosas del mundo no acaban de ser lo que parecen. Un cuerpo que solo es bello por imitación, esto es, solo hasta cierto punto o en cierta medida, en realidad no es bello. Se trata, como es sabido, de la visión platónica de lo real, la cual no hace otra cosa que poner en abstracto la división típicamente religiosa entre los dos mundos. En el segundo caso, decíamos, no hay más que cosas. Sin embargo, esta manera de concebir lo real, contra lo que podríamos inicialmente pensar, no supone posicionarse en la línea del materialismo. Para un materialista —mejor dicho: para un materialista sofisticado—, el hecho de que haya algo ahí solo puede ser comprendido como un constructo de la mente y lo que se da, sobre la base de los datos brutos de las sensaciones, como el resultado de una operación mental, no es propiamente nada realmente otro —nada del otro mundo—, sino algo que siempre se da según nuestra medida. Por consiguiente, si las cosas de este mundo pueden cargar con el aura de lo real —si las cosas pueden ser vistas como algo en verdad otro—, no es porque podamos percibirlas —o, en general, concebirlas— como pueda hacerlo una mental machine, pues, la percepción por si sola no capta nada en verdad otro, sino porque podemos ad-mirarlas sobre el fondo mismo de la nada. Las cosas poseen la carga de lo trascendente, no porque reproduzcan una realidad modélica, sino porque surgen, en verdad, de la nada. No digo que de hecho aparezcan de la nada, pues es innegable que cada cosa tiene su causa en otra cosa. Digo que, solo bajo el peso de la nada, se nos ofrecen como algo que en verdad tiene lugar. Los viejos judíos no iban tan desencaminados cuando defendían, en medio, por cierto, de una feroz persecución, una creación ex nihilo (2 Mac 7, 28) frente al ex nihilo nihil fit de los vencedores. Al fin y al cabo, si los animales, aunque perciban, no ven nada es porque no ven la nada por debajo de lo que perciben.

 

 

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo de nada en la modificación.

Meta