dogville (2)
marzo 12, 2011 Comentarios desactivados en dogville (2)
Ésta es la tesis de Dogville: la Gracia —la bondad incondicional de un Dios encarnado— no puede transformar el corazón de los hombres. Podríamos decir que Lars von Trier filma una réplica veterotestamentaria a la antropología de René Girard y, en última instancia, de la piedad cristiana. Para Girard, como es sabido, la crucifixión del ‘Hijo de Dios’ —la inmolación del inocente— revela el carácter ilusorio del sacrificio ritual del chivo expiatorio, aquel que, al cargar sobre sus espaldas la mierda de cada uno de los miembros de la comunidad, hace posible su purificación simbólica. En cambio para von Trier, la intercesión de Grace por aquellos que la habían vejado —su voluntad de perdón, su amor— se revela como inútil. Grace, después de observar nuevamente el rostro de esos hombres y mujeres ya sometidos a los arcángeles de Dios, acabará por darle la razón a su Padre —un enorme James Caan—: ninguna conversión, tan solo el miedo. No hay, pues, catarsis cristiana. De hecho, no deja de ser causal que la única liberación —el único milagro— que aparece en la película, la del ciego que acaba por admitir su ceguera, sea el resultado de una falta de piedad por parte de Grace. La dureza de las vidas de los habitantes de Dogville no justifica su envilecimiento, aun cuando, ciertamente, lo explique. La moraleja es inmediata: para que dejen de ser unos perros, los hombres deben ser castigados duramente. Como si solo pudieran elevarse por el temor de Dios. Como si el corazón de piedra, mientras no llega el final de los tiempos, el inicio de una nueva creación, solo pudiera simular los latidos de la carne bajo la férrea disciplina de la Ley.