…y también hay hierro en tus palabras de vida
marzo 20, 2011 Comentarios desactivados en …y también hay hierro en tus palabras de vida
Ayer volví a ver por segunda vez, después de muchos años, uno de los mejores westerns que jamás se hayan filmado, The outlaw Josey Wales, del inmenso, ya por aquel entonces (1976), Clint Eastwood. Posee todos los elementos del mito. De entrada, los dioses, el bien y el mal claramente diferenciados. Tenemos, así pues, un héroe, Josey Wales, que como tal no acaba de encontrar asiento en esta vida, y un príncipe del mundo, el capitán de los botas rojas, el cual, como era de esperar, encarna una maldad sin cortapisas. Si la película funciona como una perfecta representación de la existencia, si transmite tanta verdad, es porque entre ambos se ubica el resto de los mortales, aquellos hombres y mujeres que a ratos son buenos y a ratos no tan buenos… Como si solo pudieran ser espectadores del gran combate que se libra entre Dios y el Mundo. Como si a lo sumo tan solo pudieran colaborar puntualmente en una realidad que les supera por entero. Ahora bien, si su vida posee un cierto relieve es porque ese combate sigue ahí, presente, tangible, olfateable. Todos, en cualquier caso, deambulan por un paisaje hostil, devastado. El hogar es, pues, una quimera a la que nadie puede, sin embargo, renunciar. Acaso solo quienes ya han visto demasiado, nuestro héroe y satán. Puede que la cultura, al fin y al cabo, no consista en otra cosa que en rescatar, a través de los grandes relatos, esos extremos que nuestra vida acomodada tuvo que necesariamente dejar atrás, pero sin lo cuales no es posible ninguna vida con mayúsculas. Y es que la vida, ciertamente, es vida solo donde la muerte se nos revela como la última palabra del mundo. Valga como muestra un botón: el diálogo entre Diez Osos y Josey Wales debería verlo cualquier criatura, para que se le quitaran de la cabeza esos pájaros que confunden, revoloteando sin ton ni son, la paz con el buenismo.