no te gustaría que nadie te quisiera de verdad

marzo 26, 2011 Comentarios desactivados en no te gustaría que nadie te quisiera de verdad

¿Qué mujer no anhela que la quieran por ella misma? Sin embargo, quién podrá quererla de este modo tan extravagante. Ninguna mujer se sentirá propiamente querida, si el hombre de turno se inclina hacia ella por cómo (no) viste o por su forma de andar. Demasiado superficial, creerá. Parece que la cosa es más auténtica, si el chico se siente atraído por su carácter. Y, de hecho, un carácter —un modo de ser— es más estable que, por ejemplo, un peinado. Pero la mujer difícilmente se se sentirá querida, si el chico la abandona después de que se le agriete el carácter, por aquello de las cosas de la vida. ¿Cómo entender, por tanto, el deseo de que la quieran por ella misma? ¿Qué puede ser ese ella misma? La respuesta es inmediata, aunque quizá no sea del todo evidente: lo más íntimo de uno mismo es siempre un no acabar de coincidir con el propio modo de ser, un no ser por entero lo que uno muestra ser, un estar, en cierto sentido, más allá incluso del propio carácter, ese décalage que hace posible decir «yo», el grado cero de la subjetividad, como quien dice. Ahora bien, esa íntimidad —esa fisura, esa indigencia— es la misma en cualquiera, sea hombre o mujer. Así, quien se sienta amado de este modo poco le faltará para entender que en su lugar podría estar, precisamente, cualquiera. No es casual que quien ama de verdad a alguien solo pueda amarle como Dios manda. Demasiado pal cuerpo, sin duda. Una vez más se demuestra que aquello que queremos en lo más hondo, en modo alguno podemos preferirlo.

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