massa damnata
abril 10, 2011 Comentarios desactivados en massa damnata
Hoy en día no está muy en boga esto del pecado original. La posición oficiosa siguiendo siendo la de Rousseasu: el hombre es en el fondo un buen tío, solo que el entorno le pervierte. Sin embargo, la intimidad está hecha a base de materiales de derribo. Un buen salvaje carece de aquella oscuridad que confiere relieve a la existencia. ¿Quién puede concebirse a sí mismo sin un motivo del que avergonzarse, sin un secreto que preservar? Ahora bien, si la vergüenza nos puede es porque fácilmente llegamos a creer que hay quienes pueden ir por ahí sin nada que esconder. Por eso el único modo de liberarnos de esta impostación es dar por sentado que a ojos de un Dios omnisciente —una especie de gran hermano orwelliano—, no hay quien se salve de la quema. Bastaría con que de repente todo se hiciera transparente —nuestros pensamientos, deseos, búsquedas, saltos…— para que surgiera, al fin, un mundo nuevo. La diferencia entre puros e impuros —la que constituye precisamente el entramado social, la que nos somete al poder de los ídolos— deja de ser relevante donde la pureza se revela como algo propio de quienes carecen de las más elemental profundidad: los niños, las bestias, el dios. Será, pues, cierto que solo una condena universal puede hermanarnos antes de la muerte.