realismo sucio
abril 13, 2011 Comentarios desactivados en realismo sucio
Decir no consiste simplemente en nombrar. Con los nombres, de hecho, no vamos muy lejos. Al decir algo de algo, contra lo que suponen las teorías más ingenuas del lenguaje, no nos limitamos a poner una etiqueta sobre la cosa, sino que, propiamente, provocamos una escisión en el seno impenetrable de la cosa: la cosa es, así, algo más de lo que muestra ser. O por emplear otras palabras: al decir algo de algo, el primer algo no acaba de coincidir con el segundo. Si la cosa es algo otro ahí es porque eso otro no acaba de coincidir con sus características. Así, solo fácilmente podemos creer que una mesa es una mesa. Como diría cualquier científico, una mesa no es en realidad una mesa, sino algo distinto, por ejemplo, un manojo de partículas danzando en un inmenso vacío. A su vez, las particulas elementales no son en realidad tan elementales como parecen. Y, así, indefinidamente. Como si la realidad —eso último— fuera aquello siempre pendiente de las cosas con las que tratamos. La cuestión —la cuestión de la filosofía— es si es posible seguir manteniendo un buen trato con las cosas —y, por extensión, con los hombres— teniendo en cuenta su verdad o si, por el contrario, estamos condenados a vivir según la estrecha medida de nuestra sensibilidad. Si cabe, en definitiva, vivir encarando la ausencia de realidad o si, por el contrario, estamos condenados a seguir bajo el amparo de la superstición.