los vivos no están muertos

abril 30, 2011 Comentarios desactivados en los vivos no están muertos

Es posible que hayamos oido decir que, para la fe judía, Dios es un Dios de vivos y no de muertos. Que la creencia en la inmortalidad del alma es propiamente griega y no judía. Sin embargo, ¿acaso los judíos no esperaban también la resurrección de los muertos? De hecho, no los judíos, sino algunos judíos, entre otros, los fariseos. La creencia en la resurrección de los muertos, como es sabido, se impone tardíamente como una exigencia del guión de la apocalíptica —como aquello que ha de ocurrir para que los muertos puedan ser juzgados por Dios en los días finales— y, por eso mismo, no forma parte del núcleo duro de la experiencia originaria de Dios, la cual no se sostiene tanto sobre la exigencia de un Juicio Final como sobre la esperanza de una liberación mundana. Solo cuando esa esperanza —cuya forma más evolucionada es la esperanza mesiánica— va dejando de ser creíble, surge con fuerza la expectativa apocalítipica, la cual, grosso modo, viene a decirnos que la intervención de Dios solo puede comprenderse como una intervención que pondrá punto y final a la Historia y, por tanto, como aquella en la que Dios hará balance juzgando a vivos y a muertos. En realidad, entre ambas esperanzas, la mesiánica y la apocalíptica, encontramos una tercera vía, la del mesianismo apocalíptico, el cual defiende, precisamente, que el Mesías aparecerá como señal de los últimos días. Pues bien, en esta tercera vía se cocerá el cristianismo. La pregunta es si la fe cristiana puede seguir siendo creible al margen de las esperanzas que la engendraron. Esto es, si puede sobrevivir sin caer en la deformación gnóstica.

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