3000
mayo 12, 2011 Comentarios desactivados en 3000
Esto de la muerte es, ciertamente, muy extraño. Como si ella sola se bastara para mostrar la impenetrabilidad misma de lo real, la imposibilidad de separar luz y oscuridad cuando topamos con el núcleo duro de lo que, en definitiva, se encuentra ahí. Por un lado, la muerte se revela como el aval del sinsentido. Si todo acaba con la muerte, la vida parece —quién lo pondrá en duda— el juego de un dios cruel. Pero, por otro, si fuéramos inmortales —si la muerte no estuviera en el horizonte—, cualquier valor se disolvería como el azucar en el café. Un hombre de tres mil años difícilmente recordará el rostro de sus padres, de la mujer que amó, de los hijos que llegó a engendrar… Nadie quiere morir. Pero la maldición bíblica fue, al fin y al cabo, una gracia de Dios. Desactivar la muerte, dar por sentado que la muerte es simplemente una transición, supone desactivar la raíz misma de la vida. Si tenemos la vida es porque en modo alguno la poseemos. Es verdad, pues, que vivimos de prestado.