Carla
mayo 18, 2011 Comentarios desactivados en Carla
El otro día, en una parroquia de la zona alta, se propuso a los que seguían un curso de iniciación a la fe que escribieran sobre el dibujo de una enorme nube aquellas actitudes que elevan el espíritu hacia Dios. La mayoría respondió a la propuesta tal y como se esperaba: que si la generosidad, la disposición a perdonar, a no malpensar, a devolver bien por mal… Estas dinámicas, como es sabido, suelen promover los buenos sentimientos de la gente. Sin embargo, el último garabato lo puso una joven que, atrevidamente, trazó una flecha hacia abajo. Todos sonrieron como si se tratara de una boutade adolescente. Pero es posible que ella hubiera visto lo que tanto nos cuesta admitir a quienes aún aspiramos a una vida intachable, a saber, que cristianamente no puede haber otro vuelo que el de quien cae, como Dios mismo, hasta los lodazales de la existencia. O por decirlo en dogmático: que no hay más elevación que la de la Cruz. Que el milagro no es morir con las manos vacías, sino abrazando una culpa que no es la tuya.