pues eso
mayo 18, 2011 Comentarios desactivados en pues eso
Al fin y al cabo, se trata de acabar desnudamente. Esto es, sin otra máscara que la mortuoria. Ahora bien, una cosa es la desnudez del maestro zen y otra la de las víctimas. La primera puedo desearla. La segunda, no. La primera es, ciertamente, admirable. La segunda provoca nuestro espanto. La primera me obliga a preguntar qué debo hacer para ser perfecto. La segunda me pone en manos de quien no tiene fuerzas ni para mantenerse en pie. Es obvio —o debería serlo— que no se trata de la misma desnudez. Que el cristianismo baile con ambas —con la guapa y con la fea— es algo que debería inquietar al creyente, no a quien ya está familiarizado con las cosas de la política.