hay jueves que terminan con un café en «la Torre» (y 2)
mayo 24, 2011 Comentarios desactivados en hay jueves que terminan con un café en «la Torre» (y 2)
Podemos hablar, por ejemplo, del amor si queremos ver por dónde van los tiros. La mayoría entiende que hay amor cuando los amantes se sienten íntimamente conectados. No es mala cosa, ciertamente. Las conexiones, de hecho, existen. La cuestión es qué ocurrirá después, cuando se alcance, en el mejor de los casos, el equilibrio térmico, la distribución uniforme de la energía o, en su defecto, la falla, el décalage. Algunos creemos que es entonces cuando el amor se hace en verdad posible. Como si el amor solo pudiera darse como última palabra y, por tanto, como el abrazo de los náufragos. En el primer caso, el amor es sobre todo algo emocionante. De hecho ¿quién no se siente feliz cuando las piezas parecen encajar? En cambio, el amor se revela, en el segundo, como el encuentro de quienes, a su pesar, no alcanzan a fundirse. En el primero, el amor reposa como encarnación de las relaciones arquetípicas. En el segundo, el amor se da, precisamente tras el hundimiento del mito, como historia de amor. El primero tiene lugar entre tipos. El segundo entre individuos, literalmente, entre separados. Así pues: o conexión o relato. Dos posibilidades, dos modos de enfrentarse a la existencia, en el fondo, dos cuestiones: o bien nos preguntamos qué hemos de hacer para lograr una feliz coincidencia; o bien qué vida podemos esperar después de la muerte.
(Solo hay que sustituir la palabra «amor» por la palabra «Dios» y tendremos, una vez más, la diferencia entre las religiones y las tradiciones bíblicas.)