tres rondas con ZZ y al día siguiente estás K.O

mayo 24, 2011 Comentarios desactivados en tres rondas con ZZ y al día siguiente estás K.O

Sin duda, cabe algo así como una tipología de los diferentes modos de ser. El eneagrama sería un buen intento (http://www.eneagrama.com/http://www.cosmograma.com/). Así, con trazo grueso podríamos distinguir, por ejemplo, entre el entusiasta, el calculador, el generoso, el espiritual… Ahora bien, una tipología no se limita simplemente a clasificar. Su hipótesis implícita es que los diferentes compartimentos no admiten tránsfugas: que podemos, ciertamente, modularnos, pues cada tipo posee sus luces y sus sombras, pero no cambiar nuestro modo de ser; que resulta ridículo decirle a quien está centrado en triunfar que debería ser como aquel chico tan espiritual. Aun cuando socialmente podamos destacar un determinado modo de ser como preferible o, incluso, admirable, no podemos aspirar sensatamente a que todos seamos como ese tipo ideal. Desde esta óptica, no tiene sentido pretender que todos fuésemos, pongamos por caso, unos sensibles por las cosas del espíritu, sino, en cualquier caso, que cada uno pudiera ofrecer el lado luminoso de su típico modo de ser. Por eso me parece tan verdadero lo que encontramos en tantos pasajes bíblicos, a saber, que la relación con el Dios vivo —el único que te saca de tus casillas—, contra lo que suponen las diferentes espiritualidades, no se decide con respecto a una particular manera de ser. Como sabemos, lo decisivo aquí es la respuesta al mandato de Dios, es decir, a la demanda insatisfacible que nace de la garganta de las víctimas. Ahora bien esa respuesta —y los relatos bíblicos insisten casi obsesivamente en este asunto— solo es posible tras la quiebra de nuestra personalidad. En verdad, la vida que nos espera más allá de nuestra muerte anímica es la vida de quien responde a un Dios que se identifica con el pobre… una vida que, con todo, nadie puede sensatamente preferir. Mal iríamos si la relación con las últimas palabras dependiera de que fuéramos o hubiéramos llegado a ser de un determinado modo. Dificílmente podríamos decir que YWHW —ese Dios imposible— es el Dios de todos los hombres, el único que nos iguala, aunque sea, ciertamente, por abajo.

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