sobre nuestra visita al zoo
mayo 26, 2011 Comentarios desactivados en sobre nuestra visita al zoo
He recibido unos cuantos mails echándome en cara la entrada del zoo. La acusación es más o menos la siguiente: cómo puedes ser tan despreciativo y, a la vez, cristiano. La verdad es que no me atrevo a escribir con letras grandes que sea cristiano. Creo que la muerte —ese des-ánimo— no tiene la última palabra. Creo que hay vida más allá del infierno, como quien dice, y que ésta es la vida que nos la da el perdón de un Dios crucificado. Creo que quienes han visto a ese Dios, viven, ciertamente, mucho más que cualquiera de nosotros, hombres y mujeres normales. Yo creo en quien cree a pie de Cruz. Pero no creo que yo sea un buen ejemplo para nadie. Ahora bien, me atrevería a decir que hay que pasar por ese desprecio —que, de entrada, hay que reconocer lo obvio, a saber, que las diferencias entre los hombres no son meramente anecdóticas— para poder, cuanto menos, vislumbrar el escándalo que supone afirmar que, ante Dios, esas grandes diferencias no valen ciertamente nada. De lo contrario, hacemos de una verdad, un tópico y una verdad que no posea poder revelador —una verdad que damos fácilmente por sentada— en modo alguno llegará a transformar la vida de los hombres.