las dos integridades

mayo 31, 2011 Comentarios desactivados en las dos integridades

Una cosa son las cosas de la moral —nuestras obligaciones en común— y otra la posibilidad del carácter. La sensibilidad moral suele confundir ambas posibilidades —como si ser bueno en ambos casos fuera lo mismo—, pero lo cierto es que el tipo de integridad no es la misma en un caso que en otro. En el primero, se trata de lograr un cierto equilibrio sistémico. La sociedad tiene aquí más peso. Lo que nos debemos los unos a los otros es lo que, al fin y al cabo, nos conviene socialmente. En este primer caso, un hombre íntegro será, pues, aquel que logre adaptarse a las exigencias del orden moral. En cambio, en el segundo caso, se trata de responder a una demanda insatisfacible. Si uno llega a ser de una pieza —si uno llega a ser una sola cosa— es porque su vida responde, por entero, a una sola cosa, una cosa imposible de alcanzar. Ahora bien, quien intenta responder a esta demanda no suele adaptarse a las exigencias del buen trato. Es, como quien dice, un intratable, alguien que se encuentra fuera de sus casillas. La primera integridad reposa sobre el sentido de la prudencia. La segunda sobre la obsesión. O, por decirlo, en clave religiosa: la primera, se sostiene sobre los dioses del lugar. La segunda, sobre un Dios que está por ver. Con todo, nadie elige aquí. Como decían los griegos, un carácter es un destino.

(Y por eso resulta enternecedor ver a esos chicos y chicas que creen ser alguien porque visten de ese modo tan particular, cuando la única individualidad está hecha con los materiales de un feroz olvido de sí.)

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