contrastes
junio 2, 2011 Comentarios desactivados en contrastes
A través de su discípulo Porfirio, sabemos que Plotino sentía un profundo asco por su cuerpo. Esto se encuentra, ciertamente, muy en consonancia con cierto modo de ser griego. Por otra parte, sabemos que Agustín sentía repugnancia por su alma. Para el de Hipona sus anhelos más elevados no eran de fiar. Como si supiera, con razón, que por debajo de nuestras mejores intenciones habita un polvo irrespirable. No es casual, pues, que con estos polvos, únicamente el cristianismo se haya atrevido a sostener, frente a las pretensiones de la religión, que el hombre es incapaz por sí mismo de acercarse a Dios. Será cierto que, al fin y al cabo, la sospecha nietzscheana es antes que nada una sospecha cristiana.