Decálogo (2)

junio 3, 2011 Comentarios desactivados en Decálogo (2)

¿Podemos amar a dos mujeres —a dos hombres— a la vez? ¿Es posible que el amor no sea tan exclusivo como se pretende? La respuesta sería inmediata, si se tratara del deseo. Pero en el caso del amor, no lo parece tanto. Es cierto que cada mujer —cada hombre—  toca diferentes cuerdas en nosotros. Nuestros registros, nuestras octavas son  múltiples. Quienes nos dan seguridad, no suelen darnos «vidilla», como quien dice. Y al revés. Sin embargo, el vínculo que se crea con aquellos a quienes les debemos la vida tiene algo de indestructible. Y puesto que, con un poco de suerte, seremos salvados solo una vez, resulta tan difícil que podamos amar sin exclusión. Con todo, otra cosa es el encuentro entre extraños, es decir, el encuentro como tal. Un encuentro siempre tiene algo de extraordinario o eterno y, por extensión, tiene también algo de intratable: quienes se encuentran no sabrán qué hacer una vez el tiempo les obligue a regresar a la prosa diaria. Un encuentro no admite la serie de ritos que mantienen la llama de una vida debida al otro. Por todo ello es difícil que podamos encontrar una instrucción que nos ahorre los diferentes registros de la vida inmortal.

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