gente
junio 4, 2011 Comentarios desactivados en gente
Estoy tomándome un café en la terraza del WoW. Un niño de unos 12 años con sus padres, a mi lado, tocando un violín. Es un decir. De hecho, ya lleva un buen rato machacando mi cerebro con una sola nota. Le miro diciéndole que ya vale. El niño, cómo no, reacciona poniéndose detrás de su madre… dándole a la misma nota y mirándome desafiante. Es obvio que se trata de un retarded. Entonces me levanto y le pregunto a sus padres si tendremos que escuchar a paganini durante mucho más tiempo. Me piden disculpas —aunque se les nota estupefactos— y el niño guarda el violín en el estuche. Hasta aquí perfecto. Pero al cabo de nada surge la gente que llevan dentro: comienzan a decirme que si tengo algún problema con la música. Les respondo que con la música, precisamente, no. Ellos siguen con su tema: que me lo haga mirar, si es que no puedo soportar a los niños; que si la calle es de todos; que si tengo alguna queja, se la plantee a los del bar; que vaya a decirles algo a los coches, que también hacen mucho ruido… Se van encendiendo. Me limito a sonreirles por aquello de la paz y el amor, pero parece que no acaba de funcionar: cuanto más buen rollo intento transmitirles por la vía de la vibración astral, más se sulfuran. Al final se levantan enrojecidos por la indignación. Mientras se alejan, continúan, erre que erre, lanzando imprecaciones al aire. Parecen una familia de enajenados mentales. Se confirma, una vez más, que la paz y el amor transforma el corazón de las personas. Con todo, es probable que en la siguiente reencarnación me pida ser Vito Corleone. Un niño que tocase el violín con el culo sería ciertamente un prodigio.