a flor de piel

junio 7, 2011 Comentarios desactivados en a flor de piel

La herida no tiene tanto que ver con el cuchillo como con la debilidad de la carne. Así pues, cuando nos sentimos heridos —cuando alguien pone al descubierto nuestro secreto, la tara que con tanto esfuerzo  conseguimos ocultar— la única pregunta que deberíamos hacernos es qué tipo de piel hay que tener para que la herida no nos escueza tanto. De hecho, solo hay una respuesta: una piel de prestado; como si nuestra piel no fuera nuestra. O por decirlo en abstracto: nadie que se encuentre más allá de sí mismo, se siente muy afectado por el mal ojo de los demás. La mierda está en él —cómo no—, pero no va con él. Como en el caso del santo. O del bufón.

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