manada

junio 8, 2011 Comentarios desactivados en manada

Hay dos tipos de alumnos: los que quieren aprender y los que no. Los pedagogos suelen estar convencidos de que estos últimos no están lo suficientemente motivados. Pero lo cierto es que están motivados por otros asuntos. Por ejemplo, el de la copulación. Esto es, sin duda, normal, pues la mayoría de los mamíferos a su edad ya llevan miles de coyundas a sus espaldas. El profe ya puede ponerle mucha pasión al asunto que Platón o las ecucaciones de segundo grado no tienen gran cosa que hacer contra el chico o la chica que te manda un mensajito al móvil para quedar (es un decir). Cuestión de hormonas. Los pedagogos se equivocan cuando presuponen que los chicos están esperando a alguien que les haga crecer. Los pedagogos son demasiado naïf, por lo común. Fácilmente caen en la falacia del wishful thinking, a saber, la que confunde los deseos con la realidad. Como si no hubiera pecado original. La mayoría de los alumnos son gente y la gente lo único que quiere es que la dejen en paz para poder dedicarse a sus urgencias. Hay que hacer clase a todos pero no para todos. Un maestro, diría, es aquel que no tiene en cuenta al imbécil, sino a quien aspira a ir más allá de sí mismo. Y ello por el bien de ambos. No hay educación —y menos cuando se trata de proporcionar valor— que no pase por una dosis de sano desprecio por el imbécil de turno. Para muestra un botón, esta vez en la Torre:

—oye tío me han puesto un 6 de Reli, a mí…!!

—que fuerte tío, se la has metido doblada…

—y esto que me cago en Dios, qué fuerte… Casi me da vergüenza, tío.

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