sonny boy
junio 9, 2011 Comentarios desactivados en sonny boy
Estamos en América. Un negro de avanzada edad juega con sus cuatro nietos. Intenta que pulsen las cuerdas de su guitarra. Es un bluesman. Pero siempre actuó en puebluchos. Su matrimonio se hundió hace ya tiempo y su cuerpo muestra las huellas de los días finales. Hoy hace sol y los niños ríen y corren y se tumban sobre la terraza bajo el sol del mediodía. Su hija se ha quedado sin trabajo, pero sigue ahí, delante de él, viva. Rasga los acordes de «I Believe I’ll Dust my Broom». Los nietos se juntan a su alrededor. Hoy podríamos decir que sí, que todo se encuentra en su justo lugar. El viejo bluesman hoy, como tantas veces, siente la vida a flor de piel, a pesar de sus fracasos… o quizá por ellos. Sin embargo, sabe que de aquí unos cuantos años ninguno de ellos seguirá sobre la Tierra. Que incluso puede que no haya humanidad. Tarde o temprano, la materia seguirá su curso durante unos cuantos billones de años más, como si nada. El viejo bluesman no puede evitar preguntarse: ¿y eso es todo? La vida, ciertamente, permanece pendiente de resolverse cuanto más viva está. La vida más cercana a la vida permanece, como quien dice, sub iudice. Quien vive en realidad inevitablemente cree que esto no puede quedar así. No se trata, pues, de una expectativa, pues aquí no hay expectativa que valga. Tampoco es que el viejo espere una respuesta del tipo, tranquilo, tío, que en el fondo no pasa nada; que somos inmortales, pues un inmortal, de hecho, vive como un muerto. Para los inmortales, todo pasa y nada ocurre en verdad. Esta necesidad de respuesta va con la vida misma, con una vida que encuentra su límite en la muerte. Así pues, no es que primero vivamos y luego, en el mejor de los casos, nos preguntemos si hay algo más. La vida y la cuestión de la vida van de la mano. Quien las separa, no apura la vida. Nunca el viejo negro estuvo tan cerca de los esclavos de Egipto.