autoritas
junio 11, 2011 Comentarios desactivados en autoritas
Suele decirse que la Modernidad es una época en la que la autoridad hace aguas. Quizá sea más correcto decir que la que hace aguas es la autoridad del sacerdote. Es obvio que éste ya no posee la antigua legitimidad. O mejor dicho: un creyente puede exponer públicamente su visión a condición de que la ofrezca como una opinión entre otras. Lo que el agora moderna no puede admitir es la pretensión creyente de ofrecer una última palabra, una pretensión a la que el creyente no puede renunciar sin perder de paso la fe. Así, cualquiera puede opinar en público sobre los asuntos de la religión como si tal cosa. El prejuicio moderno —aquello que ningún moderno se atreverá a discutir— es que una opinión en tanto que personal es indiscutible. Por ejemplo, Rusell Crowe cuando considera como estúpida la costumbre judía de la circunscisión. Sin embargo, si Russell Crowe hubiera dicho que para él la Tierra es plana se le hubiera tachado sencillamente de imbécil. La ciencia es hoy la única autoridad en la plaza pública y los científicos sus oráculos, los únicos que tienen derecho a hablar. El único inconveniente es que con la neutralidad científica —aquella que obtuvo el beneficio de neutralizar las guerras de religión— quizá hayamos perdido por el camino la sensibilidad creyente para la nada de Dios, acaso la única realidad que puede quebrar el bucle infinito de Narciso.