terrific

junio 18, 2011 Comentarios desactivados en terrific

¿Cuál fue el núcleo duro de la experiencia judía de Dios? Pues que el mismo que te dió la vida que engendraste pueda también quitártela. Dios como Señor, ciertamente. Y un Dios que se muestra como Señor es un Dios que no se acaba de decidir en el presente y, por tanto, un Dios que aún tiene que decir la suya. Estrictamente hablando, un Dios de la Historia. O por decirlo de otro modo: la Historia permanece bajo el poder —esto es, la posibilidad— de Dios porque la ambivalencia del Bien y el Mal —la cuestión del valor de la vida ante lo inevitable de la muerte— no puede resolverse en el interior de los acontecimientos de la Historia, es decir, no puede resolverse apelando a los hechos. El Dios de la Historia solo puede ser, pues, un Dios terrible, aunque en modo alguno a la manera de Moloch. El Dios bíblico, como sabemos, no admite sacrificios, en modo alguno negocia con el hombre. YWHW es terrible solo porque el hombre no puede soportar su excesiva transcendencia. Por consiguiente, quien hace de ese Dios un amiguete deja de encontrarse ante Dios. Su Dios es un fantasma y, así, nada real… aun cuando de hecho existiera entre los pliegues de una dimensión oculta. A diferencia del Dios de Job, un Dios fantasma siempre responde a nuestra necesidad. No es casual que la fe habitual hoy en día —esa fe que ha hecho de Dios algo tan familiar— sea un asunto tan infantil. Quienes arrojaron el agua dura arrojaron también al niño de Dios.

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