ciclos

junio 27, 2011 Comentarios desactivados en ciclos

Como es sabido, para la sensibilidad pagana —para el mito— el tiempo es una sucesión de ciclos. Así, la plenitud de los inicios se va degradando con el tiempo, de tal modo que se hace necesario un reinicio —un reset—, si uno quiere recuperar la experiencia original. No hace falta decir que esta es la experiencia del tiempo predominante hoy en día. Muchos, en este sentido, están convencidos de que, por ejemplo, el amor se termina y que cuando esto ocurre, lo mejor es que cada uno comience por su lado una nueva historia de amor. Y así hasta que el cuerpo o los recursos aguanten. Un tiempo cícliclo es el tiempo del eterno retorno de lo mismo. Para la sensibilidad judía, en cambio, la sucesión de los ciclos mantiene al hombre pegado a su ilusión. En este sentido, lo absolutamente nuevo, si es que llega a tener lugar, no puede mostrarse como novedad, sino tan solo como la ruptura de un tiempo circular. La novedad será, en cualquier caso, el simulacro de lo nuevo. Aquello en verdad nuevo —lo otro de la historia— solo puede darse no ya como repetición de lo que fue en el inicio, sino como resurrección. Quienes trascienden el tiempo cíclico ya no pueden ser aquellos que confiaron en la posibilidad de reiniciarse. Por defecto, siempre resucitan los muertos, aquellos que ya no tienen vida por delante. O por decirlo con otras palabras: la convicción que mantiene la existencia judía en vilo es que la única vida que puede haber para quienes ya han topado con el inapelable no del mundo es la imposible vida de Dios. Como si el amor no pudiera ser en verdad otra cosa que el abrazo de los náufragos. Como si, en lo más profundo, permaneciéramos a la espera de un Dios que en modo alguno podemos preferir.

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