madera de dioses
julio 4, 2011 Comentarios desactivados en madera de dioses
El Dios bíblico es, sin duda, muy extraño, pues un Dios que se encuentra más allá del cielo es un Dios que no puede aparecer como espíritu del mundo o, por decirlo a la manera clásica, como fuerza o poder sobrenatural. ¿Cómo, entonces, es posible la fe? ¿Cómo es posible el creyente, aquel que confía en un Dios que no parece estar dispuesto a intervenir? Una fe ciega —una fe que no se sostiene sobre lo que cabe ver o constatar— ¿qué subjetividad supone? No es casual que la experiencia íntima de Dios, en bíblico, no sea la propia del entusiasmo de quienes se sienten arrebatados por el empuje de un espíritu superior, sino la propia de quien se encuentra sometido a una llamada imposible pero al mismo tiempo ineludible, esto es, la de aquellos que se ponen en manos del pobre, ese hijo de puta, porque llegaron a escuchar su clamor como la voz misma de Dios. Bíblicamente, Dios se da como la exigencia —la ley, el mandato— que nadie en su sano juicio puede admitir. La vía de acceso a Dios no es, por tanto, la propia del deseo de Dios, la de ese anhelo tan humano de hallar un fundamento sobre el que reposar. En Dios no hay descanso, sino espera. Dios no se revela como la piedra angular del Mundo, sino como el imperativo que saca al hombre de sus casillas. Yavhé siempre acaba por desmentir la confianza natural en una divinidad que parece sostener las posibilidades mundanas del hombre. No es causal que quienes confían solo en Dios tengan, pues, las de perder. No es casual que el Mundo sea, por defecto, antisemita. Un creyente no puede habitar este mundo como si fuera un hogar.