religare, relegere

julio 5, 2011 Comentarios desactivados en religare, relegere

Toda religión, por defecto, pretende recuperar el vínculo perdido con la naturaleza. Con otras palabras: se trata en el fondo de reconciliarse con la experiencia básica de la infancia, aquélla en la que aún formábamos parte de un mundo animado. El sentimiento de desamparo habita en lo más profundo de cada uno y es cuestión de resolverlo. Por eso no basta con decir que no hay Dios —que no hay más cera que la que arde—, pues ahí el niño que aún va con nosotros es dejado atrás y donde el niño es dejado atrás no alcanzamos ninguna integridad. Es como si la cuestión religiosa fuera, en definitiva, la cuestión de qué hacemos con nuestra infancia allí donde, a la vista de tanto sufrimiento, ya no podemos seguir siendo unos niños. La cuestión, en definitiva, de si es posible una segunda ingenuidad. Aquí la etimología puede sernos útil una vez más, ya que las dos posibilidades de reconciliación se corresponden con los dos raíces de la palabra ‘religión’: o bien re-ligare, o bien re-legere. En el primer caso, se trata simplemente de recuperar como si nada hubiera pasado las prácticas de la infancia, aquéllas que nos proporcionan el sentimiento de participar de lo que de algún modo nos supera. En el segundo, de reinterpretarse —releerse— a la luz de un mundo que se presenta cuanto menos indiferente a los asuntos humanos. En este sentido, la realidad de Dios permanece como una cuestión abierta, esto es, permanece del lado del hombre como la pregunta por Dios —o el cuestionamento de Dios—, al fin y al cabo, como ese pecio de la infancia del que no podemos ni debemos desembarazarnos, si no queremos estar al servicio de un mundo que no puede admitir el carácter sacro de la vida. Dios en tanto que pendiente sigue presente como por-venir absoluto y, por cosniquiente, irrealizable —yo soy el que seré, le revela a Moisés, como la ausencia determinante de una praxis vital. La primera vía es, como sabemos, mítica. La segunda, judía. Tan solo para esta última, la Bíblia es un libro abierto. Y porque solo los judíos saben leerla, solo ellos entienden que la realidad de Dios es indisociable de la historia misma de Dios. Como si en Dios hubiera un antes y un después. Como si el espíritu del hombre —y en definitiva la relación del hombre consigo mismo— no pudierra comprenderse al margen de lo que le ocurre a Dios mismo.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo religare, relegere en la modificación.

Meta