paralelas

julio 13, 2011 Comentarios desactivados en paralelas

Platón intento comprender como exigencia racional lo que la imaginación mítica daba por sentado, a saber, el carácter trascendente de lo real. Según la sensibilidad mítica la vida verdadera —o la belleza verdadera, o la bondad verdadera, etc— es siempre algo característico del dios. Los hombres solo viven en apariencia y, por eso mismo, su vida, de valer algo, solo vale por imitación. Para Platón, en cambio, los dioses no representan ningún papel en la cuestión de cómo una vida puede arraigar en lo que acontece en verdad. Como sabemos, Platón defendía que lo real es lógicamente aquello que no puede estar en sí mismo presente, sino siempre supuesto, es decir, sub-puesto y, por tanto, aquello que, en cualquier caso, es ocultado por su misma manifestación sensible. No hay presencia, así, que no se sostenga sobre una ausencia. La cuestión no es ociosa, pues una vida que no encare lo real —una vida que no vuelva sobre sí misma— no se posee a sí misma y, por consiguiente, no vive en (la) verdad. O por decirlo de otro modo, una vida en falso es una vida que se arrastra por la vida. Ahora bien, ¿cómo encarar lo que por lógica siempre se encuentra más allá de toda presencia como la condición, precisamente, de cualquier presencia? ¿Acaso hay otro modo que amándolo? Platón probablemente entendió que el único modo ser realista es persiguiendo hasta la extenuación psíquica una realidad que no acaba de darse enteramente por ningún lado. Esto es: como si este mundo no fuera el nuestro.

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