esta ronda la pago yo
julio 28, 2011 Comentarios desactivados en esta ronda la pago yo
Podríamos comprender el profetismo de Israel —y, en el fondo, la exigencia religiosa— del siguiente modo. Supongamos que vivimos en la época de la sed. No hay agua para todos. Los hombres andan buscando como pueden los pocos líquidos que quedan por ahí. Has encontrado un camión de coca-cola abandonado… y has de administrarlo hasta el final. Tus hijos podrán beber durante unos cuantos meses más. Te has casado con la cocacola, como quien dice… y a ti nunca te gustó. Pero ahora te da igual: das gracias a Dios por ello. El gusto aquí es lo de menos. Esa coca-cola es el mana. Pasan los años y ya quedó atrás la época de la sed. Ahora hay agua —y no solo agua— en abundancia. Puedes escoger. De hecho, es posible que te seduzca la propaganda de la fanta limón. Pero sí ves que no te gusta, la cambias por otra cosa… y aquí paz y después gloria. No tienes por qué casarte con ella. Pues bien, es aquí cuando interviene el profeta recordándote la necesidad de ver ese agua (o la coca-cola o la fanta…) que sacia tu sed como algo caído del cielo, la importancia de ser fiel, en definitiva, a lo que te ha sido dado, etc. Es sabido que un profeta siempre te obliga a tener presente de donde vienes, la raíz del valor. Pero está claro que quienes nadan en la abundancia ya no son aquellos que atravesaron el desierto. Su modo de ser es otro. La exhortación del profeta ni les va ni les viene. Pura nostalgia de una época, afortunadamente superada. En cualquier caso, la vara profética solo quedaría justificada si nuestra comodidad entrañara un olvido esencial. Si al perder de vista el origen, se nos cerrara a cal y canto la puerta de un genuino porvenir. Pero esto es lo que está en el aire: si cuando perdimos a Dios, perdimos algo vital. Con todo, de resolver esta cuestión, aún podríamos preguntarnos si podemos volver a ser quienes fuimos una vez dejamos atrás la época de la sed.