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julio 29, 2011 Comentarios desactivados en bisturí

Es muy posible que una cosa sea el cristianismo y otra cumplir con la voluntad de Dios. Aunque hay cristianos que responden a la llamada de Dios, es obvio que no todos lo hacen. Del mismo modo que hay hombres y mujeres que responden a esa misma llamada sin creer que sea propiamente de Dios. De hecho el triunfo histórico del cristianismo se basa en que un joven rico pueda ser cristiano, esto es, que puedan haber simpatizantes —o algo más— que no sigan a Jesús de Nazareth hasta el final. Y es que de facto uno es cristiano como puede ser del Barça: basta con sentir los colores e ir al campo cada dos domingos. Un cristiano es aquel que reconoce honestamente que no hay más vida que la que nos entrega un resucitado y cumple con los ritos establecidos en su memoria… aunque él pueda estar muy lejos de actuar en consecuencia. Por seguir el ejemplo del Barça: unos están en las gradas y otros en el campo. Sin jugadores que suden la camiseta, no hay afición. Pero sin afición, el fútbol no habría dejado de ser una pachanga escolar. Pues algo parecido ocurre con el cristianismo. Otra cosa sería, sin embargo, que solo fuese en verdad cristiano aquél que experimenta la redención de un Dios crucificado y, consecuentemente, se pone en manos de los pobres. Si esto fuese así —y probablemente lo sea—, entonces quizá deberíamos admitir la impostura de un cristianismo establecido oficialmente como religión.

(Con todo, no deja de ser cierto que un cristianismo verdadero —como cualquier otra verdad— solo puede reproducirse históricamente en el humus de su falsificación. Y quizá sea esto último —al fin y al cabo, la necesidad de la política— lo que hace posible que hayan cristianos que, por fidelidad a la causa de los pobres, crean sinceramente que deben ponerse al servicio de la Iglesia. Algún jardinero tiene que ensuciarse las manos con el estiércol para que puedan crecer a su aire las flores más bellas.)

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