lux perpetua (1)

julio 30, 2011 Comentarios desactivados en lux perpetua (1)

Que muchos hayan tenido la experiencia de estar poseídos por una luz fundamental, un fuego transfigurador o algo por el estilo no implica que Dios sea esa luz o ese fuego. A menos que Dios sea simplemente el nombre de esa cosa última. Ciertamente, los ejemplos son inmunerables y resulta, cuanto menos curioso, que esta visión de la luz se encuentre presente en casi todas las religiones. Incluso, según parece, algunos la han experimentado sin creer. Supongamos, pues, que esto fuera verdad, que hubiera, ciertamente, otra dimensión con respecto a la cual nuestra vida de acá fuera como un preámbulo, un sueño, una ilusión. ¿Habríamos encontrado a Dios? Para muchos, sin duda. No para aquellos que se encuentran heridos de Dios. Para estos últimos Dios en modo alguno es un hecho. Ni siquiera un hecho último. Y es que no hay experiencia directa de Dios para quienes se encuentran sometidos a Dios. Lo único que podemos decir ante este tipo de experiencias lumínicas es que no lo sabemos todo. Pero Dios o es una cosa, aunque sea tremenda, o no lo es. Y si no es algo, entonces Dios se encuentra más allá de la totalidad como aquello que, precisamente, la pone en estado de quiebra, como la voluntad —el mandato— que impide la clausura religiosa del mundo. Ante la realidad de Dios, la totalidad —incluidos esos fenómenos de la dimensión desconocida—, se revela como no-todo. Y quizá sea porque, en el fondo, no somos otra cosa que la huella de ese Dios, nosotros los hombres no podemos hacer de este mundo un hogar. Ni siquiera donde vibramos al unísono con la energía ígnea de los quarks.

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