tu aura me chifla
agosto 5, 2011 Comentarios desactivados en tu aura me chifla
Estos días he estado releyendo una cristología de corte gnóstico. En ella encontramos el típico Jesús que se mueve como un dios paseándose por la tierra. La tesis de fondo es que estaba tan vaciado de sí mismo que sólo podía ser capaz de Dios. La cuestión es de quién estamos hablando. Y uno no puede evitar la sospecha de que no estamos hablando del Jesús histórico, entre otros motivos porque de él no sabemos gran cosa, sino de un mito, esto es, de una imagen de la divinidad y, por tanto, de algo que tiene que ver más con nosotros, con nuestra necesidad, que con la realidad. Sin duda, el cristianismo se sostiene sobre lo que representa la Cruz del hombre de Dios. Y los títulos cristológicos —Mesías, Hijo de Dios…—, tienen que ver con el intento de dar cuenta de la relación de ese hombre que fue Jesús de Nazareth con Dios. Ahora bien, si Jesús hubiera sido ese hombre divino que supone este tipo de cristologías, gnósticas o pseudognósticas, entonces la Cruz no sería otra cosa que una anécdota o un mal final. En modo alguno, revelaria algo que religiosamente resulta muy difícil de admitir, a saber, que Dios, al fin y al cabo, es uno con el abandonado de Dios. Cuando cristianamente se confiesa que Jesús, aquel que murió como un maldito de Dios, es el Hijo de Dios, no se está diciendo propiamente algo de Jesús como de Dios mismo. Para las cristologías gnósticas, la redención siempre tiene que ver con un determinado modo de ser —el modo de ser que ejemplifica un Jesús de Nazareth… entre otros— y no con la inmolación misma de Dios. El escándalo consiste en que la redención —algo que, por otro lado, solo afecta a los desgraciados— no pasa por la elevación del hombre, sino por el descenso, la caída de Dios. Y esto quizá sea muy duro de tragar para quienes aún esperan una solución a la existencia.