esto no va a quedar así
agosto 7, 2011 Comentarios desactivados en esto no va a quedar así
Es muy difícil comprender la antigua fe en la resurrección de los muertos desde nuestra posición. Aunque dicha creencia se encuentra en las culturas más dispares, por lo común se entiende como el signo de la renovación cíclica del cosmos. Así, los muertos regresan para asistir al reset de la vida cósmica. Es la señal de la regeneración del universo. Todo comenzará de nuevo, una vez los muertos se dejan ver. Sólo en el caso del judeocristianismo, la resurrección señala el final absoluto de los tiempos. Más aún: según parece, únicamente en el cristianismo, los resucitados alcanzan la altura misma de lo divino. Así, quienes creen en esta resurrección dan por sentado que la renovación periódica de los inicios no proporciona una genuina redención, sino a lo sumo su simulacro, en el fondo, más de lo mismo. Como si solo el esclavo que salió de Egipto hubiera llegado a comprender que no hay más liberación que la que nos libera de este mundo. Se confirma aquello de Nietzsche: que la tradición bíblica está más cerca del nihilismo que muchos de nuestros ateos actuales. En cualquier caso y como modernos que somos, estamos lejos de creer fácilmente en esta resurrección, pues nos falta algo esencial, a saber, el hecho de dar por sentado que hay hombres y mujeres de Dios. O por decirlo con otras palabras: que pueden haber vidas transfiguradas por la presencia de lo divino. Si esta transfiguración es luminosa o, por el contrario, oscura por la ausencia de Dios, aquí es lo de menos. Lo decisivo es que, si cabe esta posibilidad, entonces las vidas de Dios no pueden acabar en la Cruz. Por tanto, si ellos pudieron creer no es porque no pudieran soportar la angustia de la muerte, sino porque, por pura lógica, no podían admitir que aquello que era de Dios pudiese morir y morir del modo más ignomioso. Para el creyente, la muerte injusta de aquellos marcados por Dios impide que la historia de los hombres quede asimilada a la sucesión infinita de los ciclos naturales. Es esa muerte y no nuestra incertidumbre la que quiebra la ilimitada reiteración de los ciclos hacia un final de los tiempos, mejor dicho, la que constituye precisamente la historia como el devenir pendiente de Juicio. Si hay historia en vez de ciclos, entonces tiene que haber un futuro absoluto, una interrupción escatológica del devenir, un final de la historia. Cualquier otra concepción del tiempo es pagana, no cristiana. Nuestra actual dificultad con la resurrección de los muertos no es otra, pues, que nuestra actual dificultad con Dios. Por eso quienes, dentro de las comunidades cristianas, creen que esto de la resurrección de los muertos o del juicio final es un resto de antiguas supersticiones de las que deberíamos desembarazarnos para quedarnos solo con el Dios puro de Jesús, no se quedan propiamente con Dios, sino con su fantasma o, lo que quizá sea preferible, con una especie de dildo espiritual.