Lc 18, 9
agosto 31, 2011 Comentarios desactivados en Lc 18, 9
El hombre común —aquél doblegado por sus deseos, rehén de su circunstancia, de su hipoteca, de lazos que no comprende…— no osaba levantar la cabeza: él, en los últimos bancos de la iglesia de la comunidad se avergonzaba de su falta de fe. Y hacia sus adentros se decía: Dios mío…, yo no tengo la fe de los de las primeras filas, esos que te rezan con tanta convicción y entusiasmo…