expiación (1)
septiembre 3, 2011 Comentarios desactivados en expiación (1)
Es sabido que el cristianismo acaba con el sacrificio cultual. La Cruz es el último sacrificio, de hecho, el sacrificio de Dios mismo. Desde la posición de un Dios que se identifica con un crucificado, ciertamente, ya no cabe una religión que se someta a la lógica del do ut des. Dios ya no puede responder a nuestra inmolación. Dios ya no nos debe nada. De lo que no somos tan conscientes es que el triunfo mismo del cristianismo, en definitiva, la desaparición de las religiones sacrificiales, quiebra la malla de significados —el mundo— que hacía posible la revelación, la visión de lo que en verdad acontece en la Cruz, el inadmisible sermo que predicaban los primeros cristianos, a saber, que Dios mismo decide morir en nuestro lugar… para que nosotros nos apiademos de un Dios que se identifica hasta los huesos con los abandonados de Dios. Solo en el marco de una cultura sacrificial podemos caer en la cuenta de lo que supone la inversión de la relación sacrificial. No es que Dios tenga que responder a nuestro sacrificio, sino que somos nosotros quienes hemos de responder al sacrificio de Dios, algo que, sin duda, debería cuanto menos conmocionarnos, si supiéramos mínimamente de qué estamos hablando. Pero es obvio que estamos lejos de comprender. Y, así, en vez de esto tenemos un gesto moral —una muerte por la causa— que cualquiera puede aceptar sin necesidad de poner a Dios por en medio. O, en el caso de que se prefiera ponerlo, sin reducir a Dios a un genérico y naïve espíritu de la bondad. Al fin y al cabo, una bagatela.