variaciones goldberg

septiembre 3, 2011 Comentarios desactivados en variaciones goldberg

Por lo común, como modernillos que somos decimos que no hay más que instinto —estrictamente, bajos instintos— y que el mundo de los significados se nos da como si hubiera algo más. Así, por ejemplo, fácilmente entendemos que la vida propiamente no nos ha sido dada, sino que, en cualquier caso, podemos vivirla como si nos hubiera sido dada. La función del significado sería, por tanto, la de encubrir eso que, al fin y al cabo, somos: una cosa entre otras. Nuestro lema podría ser, por ejemplo, ¿por qué llamarlo amor si es tan solo sexo? Sin embargo, hay otro modo de ver todo este asunto, quizá más verdadero, más cercano a la realidad, a saber, aquél que da por cierto que la vida, efectivamente, nos ha sido dada sobre el fondo mismo de la nada. La nada, el silencio que envuelve el mundo entero se encuentra sin duda ahí… para quien sabe verlo. No se trata, pues, de un opción a disposición del consumidor, sino de algo que exige un reconocimiento, una mirada de largo alcance. En verdad, sobre ese imposible más allá, la vida nos ha sido dada como plazo. Ahora bien, nuestra posición en este caso es muy distinta a la anterior. Podríamos decir que salimos peor parados pero quizá con otra carga de profundidad. Y es que lo cierto es la vida es un don pero que nosotros difícilmente podemos hacer otra cosa que vivir como si no lo fuera. En el primer caso, el de los modernillos, tenemos lobotomizados. En el segundo, culpables. Y no parece que podamos elegir. Somos en gran medida el mundo en el que nos encontramos. Las cosmovisiones no son cosas que se hallen frente a nosotros como puedan hallarse en un estante las diferentes marcas de whiskey. Más bien ocurre lo contrario: no somos nosotros quienes vemos el mundo, sino que es el mundo —el entramado de significados que lo constituye— el que nos ve.

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