sociedad anónima

septiembre 5, 2011 Comentarios desactivados en sociedad anónima

Aquí la cuestión es si la Ley salva o no. El cristiano está convencido de que no. Y, sin embargo, los fariseos siguen erre que erre. La Ley es, por defecto, lo que uno debe hacer. La Ley es lo debido. Ahora bien, el problema del fariseo es que ha perdido de vista la raíz misma de la Ley: quien hace lo debido es porque, en principio, se encuentra en deuda y, sin duda, un fariseo está más pendiente de alcanzar su perfección moral que de otra cosa. Un fariseo siempre tiene ante sí la imagen de lo que debería ser. Si el cristiano, con Pablo a la cabeza, está seguro de que la Ley mata no es porque crea que solo hay vida donde nos saltamos las vallas, sino porque su convicción es que nadie puede estar a la altura de la vida que le ha sido dada desde el culo mismo de la nada. Que los hombres y las mujeres no podemos hacer más que petrificar el don. Que la redención solo puede venir de un reset imprevisto, aquél que procede del inmerecido perdón de nuestras víctimas, esas que enterramos en el fango por el simple hecho de pasar de largo. Si un cristiano se siente obligado a lo debido no es, por tanto, porque crea que lo debido es el camino de la pureza, sino porque lo debido es, precisamente, eso que le debemos a quien nos saco del pozo de una existencia que, en definitiva, es prostitución. De ahí que nos resulte irrespirable toda esa cantinela que nos recuerda que es lo que hemos de hacer, si queremos ser buenos chicos. Con todo, tampoco es que hayamos avanzado gran cosa al decir esto. Como es sabido, escribas y fariseos van en el mismo saco.

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