Pere Claver sj

septiembre 10, 2011 Comentarios desactivados en Pere Claver sj

Pere Claver, como es sabido, se hizo esclavo de los esclavos, allí en Cartagena de Indias, durante aquellos tiempos en que se discutía si los negros tenían o no alma. Hoy en día esto puede parecernos admirable, pues ya damos por sentado que los negros tienen alma, pero en esa época no se trataba de algo admirable, sino de algo que estaba rozando lo absurdo. Quien fácilmente admira a Pere Claver no percibe el alcance imposible de su gesto. Un negro era lo que para nosotros hoy en día sería un grupo de neanderthales que hubieran sobrevivido, pongamos por caso, en las cuevas más inaccesibles del Himalaya. Sería inevitable que nos preguntáramos si estos supervivientes tan parecidos a nosotros son en verdad como nosotros, esto es, humanos. Y, probablemente, casi podríamos poner la mano en el fuego de que para una buena parte de la comunidad científica serían simplemente unos homínidos. Pues bien, Pere Claver no hizo otra cosa que ponerse en manos de esos neanderthales… una locura para cualquiera que tuviera dos dedos de frente. Y aquí la cuestión, vista no ya desde nuestro prejuicio, sino desde su misma situación, es qué ocurrió en verdad. Y lo que ocurrió es que esos monos vieron como un dios se ponía en sus manos, pues es indudable que, al menos de entrada, los blancos eran dioses para los negros. Pero solo gracias a esa entrega tan ridícula, algunos de esos monos pudieron ir más allá de su degradación: pudieron responder al amor de Dios. Lo que hizo Pere Claver es, estrictamente, darles un alma. A esto se le llama milagro. Lo que no tenía que ser tuvo lugar. Con todo la cosa no acaba aquí. Pere Claver murió en el más completo de los abandonos, bajo los cuidados de un negro que lo dejó prácticamente morir de inanición. Para más inri, la comida de un Pere Claver en las últimas llenó las tripas de ese mono por el que había entregado la vida. Los monos son tan hijos de puta —tan humanos— como cualquiera de nosotros. A esto es lo que se llama una vida sinsentido. No hay éxito que la justifique. Se confirma aquello de Mt 25, a saber, que el sentido de una vida no pertenece a quienes viven con sentido. El silencio de Dios sigue ahí, sobre nuestras cabezas, para que Dios pueda tener lugar en las entrañas de los hombres. Que «Dios» muera por quien no se lo merece es algo que, como decíamos de buen comienzo, roza lo absurdo. Por eso, la experiencia cristiana de Dios no es la de un Dios que permanece en la cima, esperando la purificación del hombre, sino la de ese Dios que da su vida por los hijos de puta de los hombres… para que esos mismos hombres puedan comenzar de nuevo marcados por el espíritu de ese sacrificio. Si alguien a estas alturas aún no entiende de qué va el mito cristiano de la encarnación de Dios solo tiene que leer al vida de Pere Claver. No hay mejor hermenéutica que la que reposa sobre las vidas de los mártires.

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