cuestión de guiones

septiembre 12, 2011 Comentarios desactivados en cuestión de guiones

Nadie va al cine para ver una historia de hombres y mujeres felices. Sus vidas no nos importan. Como suele decirse, no tienen historia. La historia, de hecho, comienza cuando las cosas no acaban de coincidir con lo que debiera ser: la madastra se interpone en el camino de Cenicienta; el hijo rechaza el amor de su madre; un joven pretende asesinar a su hermano; la otra aparece en medio de quienes decían amarse; K. es detenido sin saber el porqué; Dios no parece que cumpla su promesa… No hay historia, pues, que no pase por la quiebra del orden paradigmático. En toda historia, el Bien, así con mayúscula, es lo que ha sido dejado atrás… y, con todo, debe recuperarse. Si las historias captan nuestra atención es porque nosotros, en cierto modo, nos encontramos en medio de su desajuste. Si nos interesan es porque queremos saber cómo acabarán. Mejor dicho: lo que queremos ver es que acaban bien. En este sentido, todo guión eficaz cuenta una historia religiosa, los episodios de una reconciliación. Necesitamos ir por la vida sabiendo que el desencuentro no tendrá la última palabra. Cuestión de salud mental. Y así, quien se sale del guión suele hacer otra cosa, habitualmente, una obra infumable. Por ejemplo, Bruno Dumont. Su opera prima, La vie de Jésus, muestra el tedio que sufren una pandilla de chicos de provincias, sin trabajo ni nada que les obligue a dejar de tomar el sol y quemar gasolina. De hecho, no ocurre nada durante las tres cuartas partes del film. Y, cuando ocurre lo que de algún modo se intuye que acabará ocurriendo, eso ocurre como si no hubiera ocurrido nada. En este tipo de películas aburridas en donde no pasa nada, lo que en verdad ocurre es, precisamente, la nada. Ellos, los protagonistas, no tienen historia. Pero tampoco es que sean felices. Para los chicos de la película de Bruno Dumont no hay final feliz que pueda valer. No hay lugar —no hay cielo— en el que puedan reposar. Y, quizá por eso mismo, todo permanece a la espera de un acontecimiento cósmico. Como si para ellos no pudiera haber más comienzo que el que partiera de los restos humeantes del mundo. La cuestión es si acaso este cine, ciertamente infumable, no será más verdadero que el otro.

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