salto cuántico

septiembre 14, 2011 Comentarios desactivados en salto cuántico

Puede que una cosa sea la creencia del pobre —su necesidad de un dios que le ampare— y otra la fe que identifica a Dios con el pobre. En el primer caso, la divinidad se encuentra ahí, por encima de nuestras cabezas, como ese poder que puede intervenir a nuestro favor. En el segundo, como ese Dios que decidió retirarse para que el pobre ocupara su lugar. Así, únicamente quien ha dejado atrás la pobreza puede decir que el pobre representa a Dios. Un pobre nunca dirá de sí mismo que es la huella de Dios. Si puede decir eso de sí mismo es que ya no sufre a Dios, su radical trascendencia, su altura: ya no es tan pobre como antes. Quien sufre a Dios solo puede dirigirse a Dios como aquél que invoca una divinidad. Y quizá por eso mismo, cristianamente hablando, no se trate de ser pobre —quizá no se trate de ser lo que ya no podemos ser, aunque solo sea por formación—, sino de ponerse al servicio del pobre como quien se pone en manos de Dios. Otra cosa es que eso, de paso, nos empobrezca. Pero estaríamos, en cualquier caso, ante un daño colateral y no ante aquello que se pretende.

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