ruegos y preguntas
septiembre 17, 2011 Comentarios desactivados en ruegos y preguntas
¿Quién puede rezar aún? De entrada, ciertamente, el huérfano que todos llevamos dentro. Un huérfano, sin embargo, no puede esperar una respuesta, pues quien espera una respuesta aún no está solo. Un huérfano, por defecto, siempre sufre la falta de padre. Un huérfano no se pone, pues, a rezar —no decide rezar—: él es su rezo, su invocación, su lamento. El espíritu del huérfano es un cuerpo arrodillado. Ahora bien, solo porque un huérfano siempre se dirige a un cielo deshabitado, solo porque Dios no responde desde arriba, los otros —su presencia, su entrega— pueden ser vistos como la única respuesta de Dios. Cabe, con todo, otro rezo, quizá menos elemental, más propio de quienes se mantienen a una cierta distancia de esa común orfandad, a saber, el rezo que consiste en permanecer ante la nada que encubre todo cuanto es. Aún así, no por menos elemental es menos verdadero. Puede que el hecho de permanecer ahí —bajo la verdad de Dios—, al menos durante el tiempo que nos sea concedido, haga de nuestra existencia algo menos estúpido. Con todo, la cuestión es cómo integrar ambos quienes —al huérfano y al sabio—, pues sin esa integración no hay quien pueda sobrevivir a Dios. Y quizá sea cierto que esta integridad pase por un abandonarnos a ese Dios cuyo misterio —ese silencio y distancia— nos fuerza, precisamente, a mirar a nuestro alrededor para, de algún modo, ser capaces de responder a quién nos llama con tanta insistencia en su lugar.