uno y trino
septiembre 17, 2011 Comentarios desactivados en uno y trino
Muy pocos cristianos han caido en la cuenta de que el Dios de Jesús no acaba de coincidir con el Dios de la confesión creyente. El Dios de Jesús era el Dios judío, el Altísimo, aquel que ha de juzgar a vivos y muertos, el Creador que envuelve con su silencio todo cuanto es. Ahora bien, precisamente porque Jesús de Nazareth soportó ese silencio hasta el final —porque cargó sobre sus espaldas el peso de Dios—, pudieron sus testigos dar fe de la identificación de Dios con el Crucificado. Dicho de otro modo, porque Dios sigue siendo un siempre más allá, la relación con Dios no puede ser otra que la relación con el Crucificado. De ahí que la Trinidad no sea una fumada, como defienden los catequistas de las comunidades progres, sino el sermo de Dios que viene exigido por el acontecimiento mismo de la Cruz. Y quizá deberíamos decir, corrigiendo nuestra primera afirmación, que para un cristiano el Dios del Antiguo Testamento coincide con el que murió en el Gólgota. Sea como sea, no es causal que, con estos catequistas, ya no sepamos qué hacer con el único Dios que nos saca de nuestras casillas y en su lugar tengamos unos valores que difícilmente pueden sostenerse por sí mismos. Con todo, no deja de ser cierto que gracias a estos mismos catequistas podemos sentirnos muy a gusto con nuestra bondad.