ressurrexit (y 2)
septiembre 18, 2011 Comentarios desactivados en ressurrexit (y 2)
Que los antiguos pensaban en imágenes es algo que no admite discusión. Así, para comprender, por ejemplo, el creencia en la resurrección de la carne no hay que preguntarse por el hecho que pueda corresponderse con esta creencia, del mismo modo que no nos preguntamos por el hecho que se corresponde a una afirmación del tipo tan solo cayendo el hombre puede elevarse por encima de sí mismo. Lo que hay detrás de estas afirmaciones no son hechos, sino mundos. Esto es, funcionan como depósitos de experiencia humana. Este tipo de afirmaciones significan siempre en relación con una red previa de afirmaciones y, en general, por contraste. Así cuando decimos lo anterior, a saber que tan solo cayendo… nos estamos posicionando frente aquellos que entienden que no hay más que elevación que la de la pureza. La cuestión es, por tanto, qué podía significar creer en la resurrección de la carne en un contexto en donde la redención se entendía, por lo común, a la platónica, a saber, como una liberación del alma de las miserias del cuerpo. Y es que la resurrección de la carne no era algo fácil de admitir ni siquiera en aquellos tiempos tan proclives a creer cosas increíbles. Así, cuando se da por hecho que el alma sobrevive a la muerte del cuerpo, decir que no hay otra redención que la de la carne es decir algo que roza lo absurdo. Proclamar la resurrección de la carne en los tiempos del antiguo helenismo no es posible, pues, sin que se tambalee la idea misma de una redención. Si la carne —aquello que nos distancia de Dios— va con el redimido, entonces la redención no consiste en liberarse de la carne, sino en abrazarla… tal y como la abrazó Dios mismo en su descenso como Crucificado. O por decirlo de otro modo, la redención no pasa por la divinización del hombre, sino por la inconcebible humanización de Dios. Si el Crucificado, ese abandonado de Dios, se encuentra a la misma altura de Dios —y no otra cosa declara el sermo de la Resurrección— es porque Dios desciende hasta su altura. La carne no puede, por definición, elevarse. Si hay redención de la carne es porque Dios cayó en la carne, esto es, porque se puso enteramente en manos del hombre. Resurrección y Encarnación son, así, dos caras de una misma moneda. Quien no entienda de qué va esto de la Encarnación inevitablemente hará de la Resurrección una variante de la típica creencia en la inmortalidad del alma, algo así como una historia de zombies buenos. Es decir, probablemente no habrá entendido nada.